50 años de silencio sobre la masacre de Zemla

SÁHARA OCCIDENTAL

 

Los gobiernos españoles, franquistas y democráticos, de derechas y de izquierdas, han silenciado los gritos arrancados por la tortura, los llantos de rabia y dolor de las familias de las personas muertas y heridas reivindicando pacíficamente el derecho a la independencia.

 
Sahara protestas

Manifestación saharaui por la liberación de los presos políticos.


ASOCIACIÓN DE AMIGOS Y AMIGAS DE LA RASD.

 
14 JUN 2020 07:10

Las calles de El Aaiún no parecían tan vacías como de costumbre a esas tempranas horas de la tarde. Pequeños grupos de jóvenes saharauis circulaban en coche o a pie y en ocasiones producían pequeños disturbios. De vez en cuando, estos grupos, al pasar ante edificios oficiales, al cruzarse con alguna patrulla de policía o con otros grupos de saharauis que venían de la manifestación organizada por el gobierno español, proferían gritos a favor de la independencia y contra la ocupación de su tierra.

Durante la mañana y, sobre todo, el día anterior, estos grupos habían sido especialmente numerosos, obedeciendo al llamamiento del recién creado Movimiento de Liberación del Sáhara (MLS). Pero ahora, la mayoría, jóvenes o mayores, estaba concentrada en la explanada del barrio de Zemla (Jatarrambla para los españoles). Miles de personas, de El Aaiún y recién llegadas de otros lugares, principalmente del norte, de la Saguia el Hamra. Nadie esperaba tanta gente. Menos aún las autoridades españolas. Pero ahí estaban. Esperando.

El líder del MLS, Mohamed Sidi Brahim Basir “Bassiri”, lo había advertido: “El asunto es muy peligroso. La cuestión es compleja y la situación muy peligrosa. Pero, a través del diálogo, todo se arreglará. Resistid, no reneguéis”. Y la gente resistía. “El asunto” era esperar una respuesta a las propuestas enviadas al gobierno español.

Las peticiones eran claras: aceptación del derecho a la independencia, acabar con los privilegios de determinados jefes de tribu, mejoras sociales para la población nativa y reconocimiento del movimiento

 

Las peticiones eran muy claras: aceptación del derecho a la independencia, ayuda de la administración española para lograr una transición pacífica mientras se llevara a fin, acabar con los privilegios de determinados chiuj (jefes de tribu), mejoras sociales para toda la población nativa y reconocimiento del movimiento recién creado como interlocutor de las negociaciones.

Para entonces, por la mañana, el gobernador español de la provincia, Pérez de Lerma, ya había rechazado la negociación, pero la gente seguía esperando, resistiendo. No tenían delante más que una pequeña patrulla de la Policía Territorial, desafiante, sí; el capitán había disparado un par de tiros, pero ellos eran miles; jóvenes, mayores, mujeres, niños, habían levantado sus tiendas y estaban dispuestos a permanecer allí el tiempo que fuera necesario.

De repente, apareció una compañía de la Legión, del Tercio Juan de Austria, al mando del capitán Arcocha. Tenía una sola orden: desmantelar el campamento. Tras disparar sin previo aviso sobre la multitud, dispersaron a culatazos a las personas y destruyeron sus jaimas.

Bassiri, el líder del movimiento de liberación, no estaba en el campamento cuando apareció la Legión. Esa misma madrugada Bassiri fue detenido por la policía y al cabo de algunas semanas desapareció como un grano de arena en mitad del desierto.

Silencio. Durante 50 años, los gobiernos españoles, franquistas y democráticos, de derechas y de izquierdas, han silenciado los gritos arrancados por la tortura, los llantos de rabia y dolor de las familias de las personas muertas y heridas en Zemla. Para todos estos gobiernos, los muertos, los heridos, los centenares de personas detenidas, torturadas y desaparecidas no tienen nombre. Ni siquiera un número. No son nadie. No son nada para los gobiernos de España. Cuando las familias han preguntado la respuesta siempre ha sido el silencio.

Ni el cambio de leyes, ni el paso del tiempo, podrán ocultar que el Estado español era entonces, y sigue siendo hoy, la administración responsable del Sáhara Occidental

 

Pero, la historia no se puede esconder debajo de la alfombra. Ni el cambio de leyes, ni el paso del tiempo, ni todas las resoluciones del Tribunal Supremo podrán ocultar que el Estado español era entonces, y sigue siendo hoy, la administración responsable del Sáhara Occidental. Y que está, por tanto, obligado a hacer justicia.

Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Arancha González, Fernando Marlaska, la historia y los pueblos os apelan directamente: ¿Qué pasó? ¿Cuántas y quiénes fueron las personas muertas, heridas, detenidas? ¿Quién disparó y quién ordenó disparar? ¿Por qué? ¿Qué castigo recibirán los culpables? ¿Cuándo y cómo vais a reparar a las víctimas? Solo responder a estas cuestiones os salvará. Vuestro silencio es una mancha que, como a vuestros predecesores, os hará cómplices ante la historia de una tragedia que nunca debió suceder. Solo la verdad, la justicia y la reparación pueden borrarla.